__________ Hacen cuentas
De niño recuerdo los atardeceres del verano cuando llegaban a sus casas los trabajadores de las fábricas de San Fernando (sí, qué cosas, fábricas…). Mis ojos niños veían a hombres muy envejecidos y cansados empujando las bicicletas o bajándose del autobús de la empresa. Volvían de hacer “velás”, muchos. Y el repetido comentario de los velatorios: “Qué lástima, por Dios, toda la vida trabajando, se jubila y se muere. Ya ha descansado.”. Así un mi abuelo, por ejemplo.
Hace medio siglo había muchas viudas cuyas pensiones eran mucho menor de lo que hoy imaginan algunos. Y los hijos huérfanos, que habían sido aprendices en las fábricas, socorrían a sus madres, pura modestia y decoro. Pero mirar para atrás tiene estas partidas. A Luis del Olmo Santiago Carrillo lo ha mandado al infierno. Le preguntó por Paracuellos. Eso sí, desde un aprecio personal del veterano dirigente comunista por el famoso radiofonista.
No se está con este frío para muchas bromas. Que le pregunten al Consejero de Cultura de Murcia. O a nuestro Fernando Santiago. Cada cosa es cada cosa. A algunos les pegan y a otros nos llaman especímenes, no sé si como paso previo o dictamen final. Sube la temperatura del malestar. Preocupante. Es que se hace un factor común con ingredientes falsos. Pese a que esté en la letra pequeña y a que los representantes sindicales de las negociaciones anden vigilando para que nada se cuele disfrazado. O si no qué es eso de los 67 años como objetivo irrenunciable en forma escalonada hasta el año no sé cuantos. Nos damos cuenta, finalmente, que la solidaridad hay que pagarla. Como todo, que fue una sorpresa para mi conocer la historia del último cheque que pagó el Estado español de la deuda de la guerra civil. Lo recibió el Presidente de la República italiana, antiguo brigadista, de manos del Embajador de la España de Franco, que se decía. La deuda de la España franquista a la Italia fascista seguía siendo una deuda viva muchos años después.
Leo y releo lo que se viene publicando, estas cuentas que nos hacen. Me cuesta trabajo, no sólo porque “soy de Letras”, que se dice, sino porque por más que intento sumar distintas magnitudes no me sale un resultado coherente. El “finalismo”, que dice el lenguaje de los políticos, necesita de muchas matizaciones, alguna copulativa definitoria. Por ejemplo: 67 años y ¿cuántos cotizados para cuánto? Uff, ¿conoce a alguien con más de 30 años ahora mismo que no ha trabajado todavía, no ha cotizado ni un año? Si esa es la tendencia y la condición suspensoria es que se haya cotizado un mínimo de 40 años, por ejemplo, ¿nos salen las cuentas?
Gobernar así, qué difícil tiene que ser. No sólo este frío nos hiela, por Dios bendito.
Diario de Cádiz
El Pinsapar
2011 01 28_
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