_________ Temor de Dios
No sólo el Domingo de Ramos me recuerda siempre a mi madre, ella dejó una huella profunda, muy profunda en mí. Hecha de palabras, silencios, gestos. He contado ya en otros sitios que cuando llegaba la primavera a nuestras vidas solía abrir la persiana del balcón de nuestro dormitorio los sábados y domingos al reclamo de que “la gracia de Dios” entre en esta casa. Indelebles son las estampas de la memoria de las túnicas planchadas sobre nuestras camas. Pero hay otro nudo de palabras, convicciones, dichos definitivos, como grabados en la piedra dura de la vida. Como el “temor de Dios”. Lo he pensado mucho años después, mucho más cuando mi madre se fue al encuentro de su fe en la Resurrección. No creo que sea lo mismo el temor “de” Dios que el temor “a” Dios, las preposiciones son definitivas en cuanto al contenido significativo.
Nuestra madre no nos enseñó el temor “a” Dios sino el temor “de” Dios. A un padre de bondad y misericordia no se le teme en sentido estricto, un padre no abandona jamás a su hijo, pero un hijo debe vivir siempre con esa circunstancia compleja, por temor de Dios hay cosas que debe hacer y que no debe hacer. Pero cada vez más Dios es el vacío que hacemos en nuestra vida a su presencia misteriosa, que hace que no entendamos la vida con esa oquedad.
Lo que más me ha golpeado de la tarde agónica del pasado viernes en donde se producía una nueva eutanasia en España, era esa ausencia de Dios, el vivir lejos del temor de Dios que nos enseñó nuestra buena madre inolvidable. La fórmula solía ser siempre la negativa, el juzgar una conducta con el rotundo “no tiene temor de Dios”. La muchacha que puso fin a su vida no tenía temor de Dios, ni tampoco a Dios. No la juzgo, absolutamente para nada. Siento por ella un sentimiento de mucho amor, de mucha comprensión y de la esperanza que el creyente tiene en la bondad y la misericordia de Dios.
Hoy es Domingo de Ramos, deseábamos todo el año este día de la semana más fulgurante de todo el año pues apenas abría sus puertas la Iglesia Mayor para la salida de Columnas las cerraba para el Resucitado. Lluvias, fríos y tardes magníficas son el revoltillo de los recuerdos de todos estos años. Y a mi madre asomada al cierro de mi casa de la calle Rosario que veíamos cuando pasábamos con el cirio en la procesión...
Calle Real
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