
La familia dispersa, los amigos por las geografías, la gente que me quiere y se siente feliz con mi felicidad, puede ver a Claudia en el parquecito, en la mirada que mira, en este estirón maravilloso de la vida. Me decía abuelo caracol, ya no tengo caparazón alguno, soy como una anémona, un criatura submarina sin concha, ni escamas, ni defensa. Sólo soy gratitud y sentimiento.
Gracias a Claudia Lucía, que está cruzando ahora septiembre hacia octubre, con esos ojos, esa mirada...

