miércoles, 19 de agosto de 2026

Agosto, el mes de Federico. Y su voz...


Otro agosto. El mes de Federico. Se lee todo el año, toda la vida. Pero se recuerda su crimen sin absolución ni condenación en agosto. El calor, que lo retrasa todo, es un agravante más en este horrible crimen que nos desnaturaliza. Todos los crímenes son nuestros crímenes y, me temo, todos los criminales son nuestros criminales. Porque no hallo diferencia en el asesinato del poeta de los asesinatos de otros poetas. Ni de los maestros ni del banderillero que lo acompañaron encuentro diferencia de los otros maestros y banderilleros que fueron asesinados, sin duda, en el cálido agosto de 1936. El crimen fue en Granada y el resto de los crímenes fue en España, la patria sin corazón dedicada a matarse no sé muy bien por qué, todavía no sé muy bien por qué.

Sobre un asesinato no se eleva un templo ni un apretón de manos. Ni un acuerdo para vivir, para crecer, para seguir siendo o empezar a ser una patria de hogaza de pan para compartir, del encuentro en el que se refieran los recuerdos de las abuelas.





Fue en agosto, el caluroso agosto de 1936. En Granada. No asesinaron la inmortalidad de la lírica de los andaluces, que nunca hubieran podido, sino a un poeta asustado y tembloroso que no entendió el por qué ni lo había pensado siquiera.




Es otro de los crímenes que debemos sobrellevar como una penitencia, todos y cada uno de los españoles en fila para nacer. Mientras España sea España.




                                             Agosto 1936 - 2026 




LA VOZ DE FEDERICO_

                                                                            Fuente de cristal_
                                                                                        Paco Cepero

                                                                                                Para May 
 
Años mirando bajo las lomas
las laderas de ninguna parte
las lindes de caminos referidos
los enclaves que dijeron

Años escarbando en las mentiras
allí fue el crimen
exactamente junto a ese árbol
en Granada
junto a dos banderilleros y un maestro
cojo

para nada
como si se aparecieran los huesos
por casualidad
un día en que no buscaban
en el trazado de una conducción
un tendido
un punto en el que dijeron que había agua

¡Mirad! ¡Huesos!

¿Pero y su voz, la voz
de Federico? ¿Dónde
escuchar su acento de Granada
su timbre de gloria inmarcesible
la cuerda que decía sus poemas?

¿Quién busca esa voz
que no hace menos a sus huesos?
Por la Argentina
por el Madrid alegre de la República
por las habitaciones donde estuvieron
sus risas
y sus miedos

¿quién busca sus palabras verdaderas
que no encuentran nunca
como si la muerte no sólo hubiera matado su vida
ay
sino las palabras que nos decía?

¿Son sus huesos la llave del tesoro de su voz
vendrán juntas las palabras dichas y el esqueleto
los gritos terribles de su osamenta?

                                                        'La voz de Federico', poemario Próxima Estación - Pag. 71 y 72 -



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