
__________ Ricardo Pachón
Los recuerdos míos, propiamente míos, más los otros, los recuerdos que recuerdo de Ricardo Pachón, que él me ha contado u otros que me han contado de él, han venido a mi garganta cerrada por la tristeza de su fallecimiento. Uno de los primeros, sin duda, fue el episodio de la Venta de Vargas en donde conoció a un niño que lloraba porque unos americanos borrachos le habían partido su guitarra. Ricardo Pachón se la compró y la recompuso. Ese niño se llamaba José Monje, Camarón de la Isla. De esta primera imagen paso rapidísimo a 1993, al Centro Cultural donde presentó (más o menos) mi libro sobre Camarón. Era una parte del todo que se celebraba allí y resultó ser, digamos, poco formal y tumultuoso. Él era poco formal, de todos modos. Digamos que tenía motivos. En otro salto me veo con él mostrándole la Exposición Camarón cumple 50 años, de la que yo era Comisario. En la Diputación de Cádiz. Fue en el año 2000, 26 años largos ya…
Ya entonces sabía que tenía muchos dones el sevillano, uno de ellos el hacer amigos. Los tenía por todas partes. Con algunos enemigos a modo de contraindicaciones, claro. En el Flamenco, los poco o nada gitanistas; los más o menos ortodoxos. No se equivocaban con Ricardo, era gitanista y heterodoxo. A más no poder. En aquellos años el mairenismo no soltaba el cetro, digo la Llave de Oro, ni de bromas. Camarón era la estrella emergente y única del cielo cuajado de estrellas del Flamenco, la que brillaba más. Los que volvían al Corte Inglés para devolver La leyenda del tiempo porque eso “no era flamenco” se lo debían a Pachón, que había convencido a Camarón para saltar a otra órbita del Flamenco, y lo hizo. El entonces Pachón, con los gitanos de las Tres Mil y los nuevos sonidos y compases del rock andaluz, con Lorca y algunos otros poetas, lo había logrado. La inmortalidad actual del cantaor de la Isla, en parte, se la debe a Ricardo Pachón. El Morrongo de Santiago Donday lo editó Mario Pacheco porque medió Pachón. Y acudí a su casa de Sevilla con las grabaciones secretas que tenía la familia de la Venta de Vargas. Allí están las Seguiriyas de los grillos y el recuerdo imborrable de Ricardo Pachón. Firmé con Ricardo la producción de dos discos inolvidables.
Qué grande has sido, amigo. Lux aeterna.
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