________ Koljós
No suelo llevar un dietario de las lecturas de los veranos de mi vida pero sé, tengo memoria, de libros que me fueron dejando una huella profunda, imborrable. Es el caso de Koljós, la última novela de Emmanuelle Carrère. Soy devoto de este escritor francés, que ha publicado libros extraordinarios y del que espero cada año, desde hace años, que le concedan el Premio Nobel de Literatura. No debo destripar Koljós, no estaría bien. Pero sí debo decir que es -sorprendentemente- una biografía emocional y verdadera de sus familias, ambas ramas. Desde un equilibrio de pesas y medidas. Una rama es francesa cent pour cent, la otra rusa, de la Rusia anterior al triunfo de los soviets. Esta última devino en la madre del escritor, una afamada intelectual francesa, especialista en la Rusia soviética, Secretaria General perpetua de la Academie française. ¿Es todo? Casi nada, pues. Carrère es hijo, el único hijo varón de su madre, una de las grandes figuras de la cultura francesa. Vio que, cuando murieron sus padres, había llegado el momento de construir el guion completo de sus vidas y de la Francia que vivieron, sin la cual nada podía entenderse.
Koljós es un aluvión de noticias de sus vidas, sus ideas, sus pensamientos. Muchos sorprendentes. Como éste que me llamó la atención tanto. “Françoise Sagan, en la que nadie pensaría espontáneamente como una filósofa política, dijo una vez que la diferencia entre la derecha y la izquierda es que la derecha dice “Hay injusticia, y es inevitable”, y la izquierda: “Hay injusticia, y es insoportable”. No encuentro una definición mejor, y no será porque no la haya buscado, concluye. Añadiendo: “Por supuesto ambos bandos tienen algo de razón”. Atención al “algo” y, sobre todo, al “bandos”. De este núcleo de pensamiento se desarrolla una parte del universo de este libro, llamémosle novela, hecho de realidad, de memoria y de verdad. Es una parte pequeña, este excurso, de una obra construida con demasiada perfección para ser un hallazgo.
Fuera de la lectura el mundo arde, lo sé, y se suceden los dramas de los sumarios de la corrupción. Seguimos entre lo inevitable -¿los fuegos?- y lo insoportable -¿Óscar Puente?-. Leer es refugiarse y la verdadera novela es un método de conocimiento. Emmanuelle Carrère es la prueba.
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