¿Vale la pena echarse encima de Pradales y Esteban, ahora que los españoles traen el Mundial de Nueva York, conquistado limpiamente a través de un campeonato impecable en el que han demostrado, partido a partido, que no sólo han sido los mejores sino que han bordado un fútbol ejemplar? No vale la pena, padecen una enfermedad incurable, el odio a España, una especie de odio a sí mismos o a una parte de ellos que si pudieran la extirparían. Sí, resulta triste decirlo pero es así. No son los únicos pero sí de los más conspicuos. Padecen de esa enfermedad del siglo XIX, el siglo de las constituciones y las guerras civiles. España es el obstáculo para ellos, esa parte de su cuerpo histórico que no pueden quitarse sin sufrir grave quebranto. Lo que se opone a un experimento cruento de limpieza étnica, entendida lateralmente. Fuera el que no hable euskera, conociéndolo o no. Fuera el que no sienta que Euskadi es un territorio propio que ni forma parte ni es España. Fuera los que no son nacionalistas y no se doblegan. Fuera los españoles, en síntesis. El País Vasco es, como su nombre indica, el país de los vascos. Ni es España ni es Europa. Es Euskal Herria. Lamentablemente -para ellos- les ha pasado por encima un tren.
El mundo entero lo ha visto y lo ha vivido. De un pueblo remoto de la India me ha llegado una felicitación de Krishna. Lo he sentido vibrar con el triunfo de la selección de España. ¿Cuántos así? En España casi todos, quitando a Pradales y Esteban, tan suaves, tan bien hablados y templados. Ellos son de la Selección Nacional de Euskadi y de nadie más. O sea, de la inexistencia y nadie más. Añádesele a un alcalde de gran ciudad que condena a sus vecinos a no poder vivir juntos en un espacio público un acontecimiento único, la final de la Copa del Mundo de Fútbol. Que disputa España, la palabra maldita de los nacionalistas como Pradales y Esteban, y este alcalde. Dios los confunda. A remar de nuevo, pues. A vender caro los apoyos parlamentarios, los pactos vergonzantes. A seguir poniendo etarras en la calle. Y todo el dinero que puedan sacarle a la Nación. Hasta que llegue el día que nunca llegará. Nunca. O sí, dicen estar convencidos.
Pero estos días el mundo habla de España, España se celebra a sí misma. En toda España.
Diarios del Grupo Joly
El Pinsapar
2026 07 21_
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