domingo, 29 de abril de 2018

Calle Real / MUJERES


______ Mujeres

En las calles de El Cairo lo vi la primera vez. De un modo nítido. Las mujeres árabes tendrían sobre sus hombros el cambio de calcetín del mundo. En Amman, en la cafetería de un Hotel de muchas estrellas, jóvenes jordanas se divertían y reían como en cualquier reunión las europeas de su nivel, alto nivel. ¿La diferencia? Sus ropas de marca estaban cubiertas por burkas negros o túnicas y pañuelos. Negros, por supuesto. Eso sí que es un choque de civilizaciones. La vida de las mujeres de un lado y otro del mundo monoteísta. Porque en Jerusalén palestinas, judías y cristianas se diferenciaban por sus atuendos, entre otras cosas. Pero ya digo, en Egipto vi claramente que el futuro de esas sociedades, digo bien, esas sociedades en su conjunto, pasaba por la revolución que ya habían empezado a hacer las mujeres. Siempre que un acontecimiento que afecta a mujeres sucede en mi cercanía, afectiva o geográfica, recuerdo a esas valientes mujeres de El Cairo y otras ciudades egipcias que rompían ostensiblemente los férreos corsés que les imponía el patriarcado desde la religión, la política o las costumbres.

Venimos también por aquí de los refranes odiosos, como el que habla de la mujer en casa y la pata quebrada. El que esté libre de pecado que tire la primera piedra, es sabido. Pero esto ya es un vendaval. Digo después de la sentencia del juicio a La Manada, no creo que sea necesario resumir aquí su “hazaña”. ¿Ha sido la gota que ha colmado el vaso? Hay que vaciar ya de una vez el cajón de sastre de nuestras vidas, de nuestras instituciones, nuestras ideas, nuestras actitudes. Y ordenar lo aprovechable y tirar lo desechable, lo prescindible. El caso de la joven violada (es mi opinión, contraria a los magistrados, por supuesto) en Pamplona, en los Sanfermines, debería ser el punto de no retorno, el desembarco en la nueva Normandía que eche de las playas y sus búnkeres a quienes pretenden lo que pretenden, para qué extendernos.

Se tratará de una gran labor pedagógica que debería empezar en cada hogar español, en cada barrio, ciudad, provincia, región. En toda España. Y en un repaso bien ponderado a los códigos que sancionan y definen los delitos y los crímenes. Va de grave todo esto. Y son dos los caminos que hay que tomar, en los que no caben atajos. En primer lugar una intensa, profunda y prolongada labor educativa. Y las cuestiones legales, cuanto más claras mejor. Para que no se quede el mundo parado como ha ocurrido con la sentencia a “La Manada”. Es que si no, la Humanidad se queda detenida. Hay un trecho muy grande entre Egipto y España, en lo que a la mujer se refiere, pero más grande es el que existe ente el actual y el imprescindible, el justo. Porque también aquí, sin la mujer, la sociedad se encamina a un abismo insondable. Estoy convencido.

Diario de Cádiz
Calle Real
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martes, 24 de abril de 2018

El Pinsapar / ALCALDE VALLS

 

________ Alcalde Valls

Tengo una muy querida amiga en París, catedrática de Lengua española y Literatura en la Universidad de la Sorbona. Sus padres fueron unos muy modestos emigrantes andaluces de Jerez, de Andújar. Francia se lo permitió y ella puso una voluntad de acero, un esfuerzo tremendo. Fue el caso de nuestra paisana Ana Hidalgo, que algunas veces firma Anne, la actual alcaldesa de Paris. Es el caso de Manuel Valls, más o menos. Que ha llegado lo más lejos, a presidir el Consejo de Ministros de la República. Tres españoles en París. Definitivamente franceses y profundamente españoles. Sé lo que me digo en dos de los casos, hicieron realidad antes de que se estableciera una unión europea, el espacio común que es Europa. ¿Se es donde se nace como una condena? Dos vectores se pelean siempre en estos casos que me traen al recuerdo los tres hermosos versos del gran Antonio Machado: “Mi corazón está donde ha nacido, no a la vida, al amor, cerca del Duero... ¡El muro blanco y el ciprés erguido!” El nacionalismo -político o no- es muy dado a señalar a la gente por el lugar de nacimiento. Leo en estos días de reposo Patria, la famosa novela de Fernando Aramburu, que está salpicada de “estos no son de aquí”. En Francia llegan a primeros ministros, alcaldesa de la primera ciudad de la Nación y a catedrática de una de las más prestigiosas universidades del mundo. Es lo que tiene.

Sin embargo aquí, el sólo anuncio de la posibilidad de, además de haber dejado perplejo a más de medio país, ha provocado un alud de críticas y descalificaciones que hablan muy expresivamente de lo que ha significado el golpe de audacia de Albert Rivera y sus Ciudadanos, ofrecer al ex primer ministro de Francia, Manuel Valls, encabezar la candidatura de Cs. en Barcelona. Casi facha le han llamado, si no se lo han llamado. Cuando toda su vida política la ha hecho en el Partido Socialista francés. Algo me dice que la audacia no va a pasar de eso, de audacia, aunque cuente con la aquiescencia de Valls, o sea, que no, que nada, pero por si acaso se han quedado todos con los pies colgando. El ex alcalde Trías, el que no tenía dinero en Suiza, o sí, ya no recuerdo, con un discurso realmente patético y tartamudo. Rivera pone humor a esta agria realidad nuestra de cada día. Y alegra el cotarro, crispado de pitos y de flautas.

No París, donde ya está mi paisana, pero de más de una ciudad mediana francesa quisiera yo ser candidato a su alcaldía, Perpignan mismo. El espacio común europeo, ¿recuerdan?

Diario de Cádiz
El Pinsapar
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domingo, 22 de abril de 2018

Calle Real / PENSAR LA PLAYA

 ________________ Pensar la playa

Ahora hay noticias de la playa. El gobierno de España por boca de su Delegado en Andalucía, nos anuncia que llegarán 2,6 millones de euros para remediar los males causados por los vendavales de abril. Siete mil euros es lo invertido para poner en funcionamiento el sendero hacia “la Punta”. Por el ayuntamiento, claro. Dos noticias sobre Camposoto, en esta semana que, si bien acaba ventosa, preludia la llegada de los aparcamientos llenos en la playa de San Fernando.

Cuando Fernando López Gil se preparaba para la conquista democrática de la Alcaldía de San Fernando, digo cuando era una persona convincente, ilusionada y cercana, o sea, antes de lo que es ahora, era muy dada a reunirse con todo tipo de colectivos y ciudadanos para escuchar sus demandas y participar de sus ideas. Además, claro está, de ofrecer sus proyectos, sus pensamientos sobre la ciudad para contrastarlo y tener más elementos de juicio. Es un momento muy bonito de la vida democrática, quienes desean gobernar se fundamentan en sus vecinos, en sus ilusiones, sus palabras, sus sueños. Pero llegó Loaiza, le ganó por unos votos y Francisco Romero, heredero de un andalucismo local que había sido detestado por López Gil y el PSOE isleño por las razones conocidas, se apresuró a pactar con el Partido Popular. Sabemos que el resultado fue la insatisfacción y la desafección de ambos dirigentes, y una política de avestruz que acabó dando el triunfo a Patricia Cavada, a la que se ofreció el andalucista Romero, condenado por las urnas a ser el jarrillo de mano del Poder en la ciudad.

Han pasado casi tres años ya de la segunda parte de esta historia. ¿Nos habría llamado López Gil para hablar de la playa de Camposoto, pensar la playa? A propósito he omitido la preposición “en”, en cierto modo sería reiterativo. Debemos pensar la playa que queremos y cómo lo logramos. Porque a un lado y otro hay dos modelos de playa con beneficios sociales para las localidades titulares que aquí no se dan. Cádiz es tradicional ya, sus balnearios tienen más de un siglo, mucho más. Es el modelo de una playa doméstica. La Barrosa es el ejemplo de la pujanza del Turismo como motor económico. La playa ha modificado la ciudad, la ha hecho próspera, importante. La ha lanzado, ha colocado a Chiclana en el mundo. ¿Nosotros? Tenemos una playa virgen, digo local. El beneficio es casi privativo de los vecinos. Porque detrás de la arena está el Parque Natural. Y las instalaciones militares de Camposoto. Por eso hay que echar una pensada, que se dice ahora. Pararse a buscar las ideas oportunas. Para invertir más dinero en senderos, más millones de la Junta en hacer una playa con todos los atractivos. En la playa como en todo de la ciudad no cabe más que sumar.

Diario de Cádiz
Calle Real
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martes, 17 de abril de 2018

El Pinsapar / EL VIDEO DE ALGECIRAS





______ El video de Algeciras

Seguro que lo has visto. Todas las televisiones, la web de los Diarios de nuestro Grupo Joly, otros han pasado el vídeo de Algeciras. En blanco y negro. Varias veces. 

El que muestra que una mujer confiada llega al portal de su casa cuando recibe un golpe tremendo de alguien por la espalda, alguien que sigue golpeándola hasta derribarla y arrebatarle el bolso. Cuando lo vi por vez primera te aseguro que no pensé en el sistema penitenciario, no pensé que un tipo que llega a ese extremo de violencia contra una mujer inocente que abre el portal de su vivienda vaya a ser redimido con el ‘buenísmo’ social. Lástima de vídeo inexistente en la causa que se juzga estos días de esos tres que se liaron a golpes contra guardias civiles y sus novias. Lástima de vídeos inexistentes de tantas acciones de violencia ejercida sobre inocentes, personas que iban tan tranquilas por la vida. Desde luego, de existir el de Pamplona, no sé qué diría la gente que se ha manifestado en favor de los tres acusados de violencia contra los guardias, para los que se pide una pena importante. O sí, lo sé, lo imagino.

Creo que he pensado como tú tras ver el vídeo de Algeciras. Hay que coger a ese criminal y meterlo en la cárcel mucho tiempo, todo lo que diga el código penal para un caso así. Que tenga tiempo suficiente para la redención de un hecho terrible. Eso lo digo porque la señora de 64 años que abría la puerta de su casa no es mi madre ni nadie de mi familia o seres queridos, es más, no la conozco, no sé nada de sus señas personales salvo la edad, 64 años. Así que mis deseos inmediatos son dos, que se restablezca totalmente de los golpes recibidos y del susto que sin duda todavía lo tiene en el cuerpo, y de que la Policía logre detener a ese agresor desalmado. Y sea juzgado, severamente. Condenado y encarcelado.

¿Cómo se podría interiorizar para siempre esa línea que marcó en el suelo del Sinaí el viejo Moisés, y que al cruzarla se vuelve al estado anterior, al modo de vivir en el que la vida no vale nada? El hombre nuevo surgiría del No Matarás, mandamiento de la Ley de Dios, pero no surge, lo vemos en las mil violencias cotidianas, en el vídeo de Algeciras, en los noticiarios de las televisiones. Surgen en el seno de una caseta de la Feria de Abril sevillana, en los bombardeos sobre Siria, en la convicción de que todo está siempre al borde de la muerte. Y la derrota.

Diario de Cádiz
El Pinsapar
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domingo, 15 de abril de 2018

Calle Real / POBRES


_________ Pobres

Hubo un tiempo en que en la ciudad había hambre, hambre de verdad. Hubo un tiempo triste en esta ciudad de sol y aire limpio, huertas, esteros, salinas y caños. Lo hubo, yo lo vi. Era un niño. En mis recuerdos de niño se alternan las imágenes alegres de mi casa, de la mesa del almuerzo con todos y el trajín de mi madre, de la luz que entraba por la ventana y el balcón abiertos, y los pobres que subían mi calle todos los domingos, días de guardar y patrióticos. Porque en la casa contigua a la iglesia de San Antonio, derruida, sin techos, poblada de gatos su nave con arbustos y una higuera, en lo que bien pudo ser la casa del cura, techada, en mejor estado, la señorita Antonia Márquez cocinaba para los pobres.  


Enlutada y sonriente, con una sonrisa franca, la señorita Antonia, como era conocida en la ciudad, pedía para dar de comer a los pobres. Ella lo hacía todo, pedir, cocinar, fregar. Era su obra santa, su modo de ser cristiana. Alentada por el Padre Gaona, párroco de la iglesia Mayor. Quien nos pedía a los niños de la parroquia que fuéramos a ayudarla, servir los platos, recogerlos, estar con los pobres.

Como digo, esos domingos y días de guardar, que se decía, y patrióticos, el uno de abril, el 18 de julio, otros, los pobres se acercaban a San Antonio. Vestían casi todos de negro, en especial las mujeres, que me parecían muy ancianas, con sus tocas negras sobre los hombres, sus pañuelos negros sobre sus cabezas. Estos pobres no eran las otras maneras de llamar pobres a las personas. “Pobre hombre, su hijo se mató en un accidente”, se decía. “Pobre mujer, qué mala suerte ha tenido con el marido”. Y así. Digo que esos “otros” pobres no iban a San Antonio a que yo les sirviera el plato de potaje que cocinaba la señorita Antonio. 

Pero todos los pobres tenían algo en común, lograban una especie de “invisibilidad”, que se diría con palabra de hoy. Como los enfermos. De Parkinson o de cualquier otra. Hemos pasado de una invisibilidad a otra. Quienes no tienen nada no suelen dar gracias a Dios, que se decía con palabras de antes. Sencillamente no quieren mirar, no quieren ver que hay una humanidad doliente, enferma que requiere de nuestra mirada amorosa y comprensiva. Como hemos aprendido este año con motivo del Día del Parkinson. Somos una familia sobre la tierra pero parecemos la diáspora de los afectos, la ceguera de la ternura. Cuando la pobreza -de ayer, de hoy- es una línea muy delgada que de pronto culebrea por los días.

Pero somos seres para la vida, para la luz. Nuestra riqueza está en la humanidad, en la cercanía y en la mirada amorosa a quienes tienen el mal de Parkinson o se encuentran en el listado de los males. Siento mucha felicidad recordando los días de San Antonio, la señorita Antonia y aquellos pobres que volvían a sus vidas con una naranja en el bolsillo y una comida caliente cocinada con mucho amor.

Diario de Cádiz
Calle Real
2018 04 15_