miércoles, 3 de abril de 2024

J. J. Armas Marcelo / HACIA EL OLVIDO

📷EM

 _______ Hacia el olvido

¿Y si nos paramos a pensar que estamos perdiendo la memoria para no ser nostálgicos, que vivimos en el aire tenebroso de la urgencia y que olvidamos casi siempre lo importante?

Llevo un rato preguntándome cuántos de los supuestos lectores de hoy saben o recuerdan quiénes fueron Somerset Maugham, Blasco Ibáñez, Maxence Van der Meersch, Leon Uris, Henryk Sienkiewicz, László Passuth, Lajos Zilahy y tantos otros escritores de nuestro inmediato pasado.  Y hablo sólo del siglo XX. Y, sin embargo, sus sobrios y sus novelas fueron leídas por millones de lectores de todo el mundo y en todas las lenguas, sus nombres constituyeron un bloque de cabeza de los más populares de la Humanidad, sus figuras públicas fueron únicas y ejemplares hasta que poco a poco tomaron la del estribo y se dirigieron hasta su dirección de destino: la estación del olvido. ¿Quién lee hoy, entonces, Quo Vadis? ¿Cuerpos y almas, El dios de la lluvia llora sobre México, Los cuatro jinetes del apocalipsis, Éxodo? O, simplemente, ¿quiénes somos los que guardamos una memoria cercana de esos escritores y de sus obras? Me temo que sólo algunos viejos que arrastran sus pies por esos extraños y para todo el mundo lejanos lares del pasado, además de algunos escritores a quienes los olvidadizos llaman con frecuencia nostálgicos. Me temo que el lector de hoy se atiene, por lo general y salvo excepciones bien numeradas, a la propaganda y a la publicidad editorial que los medios informativos vocean como novedades a los cuatro vientos lo que se sigue llamando, creo que impropiamente, “información”.

Pongámonos ahora en un nombre del que toda la literatura mundial sigue hablando, en las universidades y en los circuitos intelectuales, académicos y universitarios: el argentino Jorge Luis. ¿Cuánto tiempo le queda de gloria “eterna” a Borges y sus obras, cuánto tiempo de lectura y de lectores, de citas obligadas y de prestigio olor encima del tiempo? Nadie lo sabe, pero si camina hacia el futuro lo más seguro es que, como casi todo lo bueno, se dirija más temprano que tarde a la estación del olvido. Un escritor como Steinbeck, ¿cuánto tiempo le queda para que su nombre desaparezca del estrellato y la memoria de sus hipotéticos lectores? Todos son preguntas a rastras del tiempo, ese interminable elemento a quienes los seres humanos hemos tratado de encerrar en un concepto absoluto sin ni siquiera entender su inexcusable condición relativa.

Y luego está la nostalgia que, como la frivolidad, según las épocas y las modas de los años y los siglos, está dentro o fuera del escenario, dentro o fuera de la popularidad. Hoy se llama nostálgico a quien echa de menos el pasado y cree que cualquier tiempo fue mejor que el que estamos viviendo, que para la inmensidad de los no nostálgicos es la época más importante de la Historia. Pero, ¿y si nos paramos a pensar que estamos perdiendo la memoria para no ser nostálgicos, que vivimos en el aire tenebroso de la urgencia y que olvidamos casi siempre lo importante? En cuanto a la literatura, que es en lo que felizmente estamos como último refugio de la memoria, me temo que, por lo visto hasta el instante presente, la literatura del siglo XX supera con creces a la que está saliendo a la luz en lo que va de siglo XXI.

Tengo para mí que vamos, en cuanto a la verdad de la literatura verdadera, hacia la estación del olvido, en la que no hay garantía de nada, y que se llama así porque es precisamente el destino de todo lo grande que parecía permanecer para siempre: el olvido. Lo dice el bolero, la letra popular de la canción, lo dice el rumor del pueblo sin distanció de voces ni extralimitaciones elitistas: Dicen que la distancia es el olvido… Me sigo temiendo que la literatura camina hoy entre una mayoría de farsantes sonrientes con puesto en el mercado hacia la desaparición. Entre mecanismos tecnológicos, inteligencias artificiales, artefactos que suplantan la memoria y facilitan todo cuanto en principio parecía provocado por el esfuerzo humano -de ahí los descubrimientos, lo que Joyce llamaba epifanía-, la memoria pasa a ser algo secundario y la escritura literaria no es nada si no es memoria. Y  nosotros mismos no somos nada sino somos memoria.

Alguien me preguntó hace unos meses, para una entrevista en una revista de Buenos Aires, si le temía a la muerte. Contesté que no, aunque pensaba en ella, en la mía y en la de los demás; y dije, además, que mi gran pavor procede precisamente de la memoria, de la inmensidad de archivos de recuerdos que guardo todavía a mis años en la claridad de mi cabeza; dije que mi terror es perder, en fin, la memoria en vida, dejar de ser yo poco a poco o de repente, dejar de leer y escribir, olvidarme de nombres y lugares, de libros, sabores, experiencias, tiempos.

En fin, caminar hacia la estación del olvido como el que no quiere la cosa. Como esa foto en blanco y negro, tan espléndida e inolvidable de JAmes Dean vestido con un abrigo negro y caminando bajo la lluvia por el bulevar de los sueños rotos. 

                                                     _______   J.J. Armas Marcelo                                                       
El Español_El Cultural 
A la intemperie 
2024 04 03_
 


HACÍA MUCHO TIEMPO...

Hacía mucho tiempo que no oía un disco tan redondo, tan perfecto, tan bien equilibrado. Una maravilla. 
Hope es un virtuoso muy inteligente y con un buen gusto extraordinario. Para elegir los temas y para interpretarlos, como en este disco, ya decía, impresionante.

martes, 2 de abril de 2024

CON MI TÍA GUAPÍSIMA E INOLVIDABLE












FRIEDRICH GERNSHEIM





El Pinsapar / LA AGENDA OCULTA

 

_________ La agenda oculta

Nos dicen que Otegi lleva una “agenda oculta” sobre Euskadi y sobre el conjunto de España. No renuncia a las viejas ideas de los dos Estados que ‘sojuzgan’ a los vascos, que es una nación en dos territorios, el español y el francés. Algo parecido a la otra agenda oculta, la de Cataluña. Bueno, decirlo así resulta una enormidad toda vez que la minoría independentista no se corresponde con la mayoría de constitucionalistas, pero en el caso catalán, además, se extiende por los denominados (por el independentismo) “paísos catalans”, esto es: Reino de Valencia, islas baleares y pitiusas y parte del Reino de Aragón más la Cataluña francesa, fronteras difusas. Es todo una lucha contra los siglos. En ambos casos. Torcidamente porque la quimera nunca existió. La construcción de la quimera, esta locura nacionalista, va por barrios. He oído a nacionalistas andaluces, que los hay, son un ínfima minoría pero son, que el sur de Extremadura y Murcia son Al Andalus, son Andalucía. Y tan tranquilos. Algo así como algunos mapas de Marruecos que no sólo incluían al Sahara sino a Al Andalus en su versión corta, esto es, la Andalucía actual. La Castilla expansiva y reconquistadora, esa Castilla miserable ayer dominadora del poeta sevillano bautizado castellano en Soria, no dice nada. Sólo contempla la España centrífuga de estos días cuando no ha olvidado la centrípeta que hizo posible su grandeza y esplendor a través de una tortuosa historia medieval que cerró el ciclo en 1513, con la incorporación de Navarra… al Reino de Castilla. La Historia, pues, vale para un roto y un descosido.

Se trata de una barra libre susceptible de incluirse en un sírvanse a gusto, todo por el mínimo precio. Lo que ocurre es que el “precio” no está bien definido y la ruptura de gananciales en un matrimonio de más de cinco siglos dará lugar a un pleito infinito. O a las guerras de rigor. ¿Supera la agenda oculta de Otegi este embrollo, esta ruptura social? ¿Qué hay de “política” en todo esto y qué de la guerra por otros medios? El ayer abertzalismo criminal hoy reconvertido en radical y político, siendo generoso en la cesión conceptual, persigue lo que todos: los gobiernos. Y nos dice que sólo conquistando los gobiernos se podrá alcanzar el viejo sueño de fraguar un Estado y una Nación en la Europa de la Libertad. Son agendas distintas, así miradas. Los catalanes se dirigen de nuevo, pero mejor hecho, a la declaración unilateral de independencia y la República y los vascos a una Euskadi gobernada por abertzales, por supuesto republicana también… Las otras políticas y los otros políticos ¿tienen también una agenda oculta?

Diario de Cádiz
El Pinsapar
2024 04 02_