________ Sombrillas
Nada como el interés propio para salvar el ajeno, si posible fuera. Lo van a ensayar en la calle del ruido nocturno (en la Feria de la Tapa última consistió la “sombrilla” en cortar a la una y media de la madrugada, cortar por lo sano el ruido, quiero decir, que además no se puede tener peor gusto para la música: mal sonido (eso sí, altísimo) y música vulgar total, la que le dicen de chimpún chimpún -al menos las tapas eran buenas, me dicen). Bueno, la (s) calle (s) del ruido nocturno ya sabe el lector cuál es, como también sabe que “el tema” llegó a los Juzgados y a saber en qué termina, si en que los vecinos sigan viviendo en el infierno del ruido para que los de los bares de abajo ganen su dinero o que la Justicia ponga orden y obligue al gobierno municipal de Patricia Cavada a ponerlo, de corresponderle ponerlo, claro, que puede que sí le corresponda. El gran ruido de la Feria (del Carmen y de la Sal) queda pendiente de que se logre acabar el recinto destinado en la vieja salina de La Magdalena, que no se acaba ni de bromas. Aquí vamos así, unas sombrillas inventadas por aquí, cortar por lo sano a la una y media de la madrugada y que la Feria se lleve otra vez do menos daño hacía. Está claro que Alejandro Zapata y Antonio Moreno lo habrían hecho, porque lo hicieron cuando entonces llevándose las tómbolas y los ruidos de las tómbolas a la cercanía del caño y del puente de Zuazo.
Estábamos en lo de las sombrillas de la calle del ruido nocturno, la calle del infierno de los vecinos que no pueden abrir al relente de las noches del verano las ventanas y los balcones porque de abajo llegan mil voces vociferantes, en tropel, que se cuelan por esos balcones abiertos junto a la brisa, el aire necesario de las noches, que amortiguan el calor y favorecen el sueño justo de la gente de esa (s) calle (s). Tres mil euros vale cada sombrilla, esos paraguas contra el ruido que seguro que quitan algo, eso seguro. Provisional todo hasta que llegue el mandato definitivo y último de un Juez que diga si el beneficio puede más que el derecho al descanso, que es un derecho recogido en la Constitución, o no, claro. Tres mil euros por sombrilla es la inversión, he entendido.
Deseando ver el invento en funcionamiento, deseando ver si amortigua lo necesario para que resulte lo conveniente: que esas buenas almas puedan acostarse y dormir, puedan vivir… con la ventana abierta.
Diario de Cadiz
Calle Real
2026 10 04_

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