En algún momento, no tengo la menor duda, se ha de imponer la razón y el bien común que haga al presidente Sánchez disolver las Cortes y convocar elecciones generales. No se puede seguir chapoteando en este aire infecto. Si no se ha hecho ya ha sido por intereses muy concretos pero lo que hay desborda todos los diques. Más que nada porque crece como un cáncer. Hay que sanar este país nuestro, hay que darle estabilidad y una mayoría suficiente para acometer las reformas que sean -y son- necesarias. Hay que resanar heridas, encontrar los cauces y las personas con capacidad de diálogo, entendimiento y acuerdo. No debemos olvidarnos de lo que es bueno para España, de lo que es mejor para España, de lo que es España. Y lo estamos haciendo.
Nuestro país no está dividido en fascistas y comunistas preparados para lanzarse unos contra otros. Es que para nada. Más bien lo veo lleno de perplejidad y de perplejos, gente que se niega a declararse enemigo sino afirmarse compatriota. Es lo que somos por más que intenten esta renta triste de españoles que se odian, de los crímenes de ayer y los desastres de la historia. Por la popa no queremos ver las espumas del mar que se aleja sino los gritos y la desesperación de un imaginario cruel que no existe sino en la imaginación exacerbada. Puede que se cure con un reinicio, renovar la representación nacional, convocar nuevas elecciones, encontrar el lugar en donde sentarse para hablar de España, otra vez, como cuando entonces se hizo necesario y se pudieron ganar decenas de años. Inevitable llegar de nuevo a la mayoría enorme con la que seguir tirando. Lo que se juzgue, así sea.
Pero hay un país anhelante, hay decenas de millones de españoles que no saben dónde mirar pero conocen que no vamos por el mejor camino. Queremos ver otro horizonte, ver amanecer la alegría. No nos merecemos los espacios de los telediarios, el cada vez más de los periódicos, el mundo sin fin que nos está hundiendo en la depresión, en la tristeza, en el bochorno infinito de estos días. Sabíamos que no hay un justo, ni siquiera uno. Quizá lo hayamos olvidado. Hay que empezar de nuevo o el precipicio. Una vez más. El precipicio. Por eso el nuevo horizonte, la urna abierta y la libertad. Es lo que nos va quedando.
Diarios Grupo Joly
El Pinsapar
2026 05 26_

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