lunes, 21 de septiembre de 2015

Amaya Zulueta





Amaya Zulueta es uno de mis escritores de cabecera, un poeta de hondura insuperable, enorme sensibilidad y verdadero arte. Las palabras las lleva como el dolor, pegadas a su ser más íntimo. Ya no sé si la vida ha hecho de él el gran poeta que es o todo se simultanea para ofrecer este licor de tanta pureza. Dejo aquí uno de los últimos poemas que recibo de él. Como homenaje, como devoción.


Los esposos

Estuvimos un rato en el establo
ordeñando la vaca del rencor.

Todo el resto del ámbito se tornó duro, arisco,
dijiste: “Todo está ya muy añejo
para estas llamadas, el tiempo pasó y…,
me he podrido en la fosa que me abriste”.

Se me secó el cemento de los labios:
“¿Y los peces de amor de la memoria?
Ubi sunt?”

“Vastas arañas roen sus agallas.
Están destinados a ser tez de la tristeza.”

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