domingo, 1 de abril de 2012

Restos del naufragio

Recuerdo La Isla de mi infancia. Era pobre, ciertamente, como toda España. Pagaba la costosa fractura/factura de la Guerra Incivil, se recuperaba de los quebrantos y las amarguras. Aquella ciudad rodeada de mar y de huertas feraces, maravillosas, poseía un caserío humilde y digno. Pero llegó el momento del desastre y del naufragio del buen gusto, del equilibrio y la armonia... Y la codicia, que ha explotado recién, empezó a echar raíces. Aquí no había playas que mancillar, afortunadamente, porque eran propiedad militar, zona de tiro, playa virgen... Pero había un caserío impresionante de almenas, casas de dos plantas con cierros y balcones. Y calles trazadas a cordel en donde se podía ver el alma equilibrada de un pueblo laborioso y bueno, como son los pueblos con pasado que miran al futuro. Vinieron alcaldes de fuera, alcaldes que ni les interesaba la ciudad ni los ciudadanos, solo querían el escabel y el muelle que los lanzara a otras latitudes más beneficiosas, de más poder. Y aprobaron ordenanzas, dieron licencias de obras mayores y menores, destruyeron en parte esa ciudad increíble de dos siglos, lo que fue el Logar de la Puente tras haber sido Camino Real, y luego Real Isla de León, más tarde San Fernando, por el Rey Deseado que acabaría siendo, prácticamente enseguida, Indeseable. Por eso traigo estas imágenes de los restos del naufragio... Otro día traeré el Naufragio mismo, el Desastre y el Crimen contra lo que era admiración de la Bahía, ciudad blanca, menestral, hermosa y buena.

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