jueves, 16 de octubre de 2008

BAHÍA DE ALGECIRAS Y GIBRALTAR

ESTO NO PUEDE SER NO MÁS QUE UNA CANCIÓN...





PIENSO en Gibraltar y me llega al oído una canción de Pablo Milanés, que esto no puede ser no más que una canción de amor. Gibraltar me obsesiona, desde siempre. Todavía no me he repuesto de ese microcosmos hecho de tantos retazos y obstinaciones. A algunos he dicho que me gustaría escribir una novela de Gibraltar. Mejor: la novela de Gibraltar. Un río de páginas en las que contar su alma, la noche en que Aureliano Buendía recordara, frente al pelotón de fusilamiento, Macondo; el Sit tibe terra levis, Delia, de Alfonso Grosso; el Paradiso de Lezama; la Marea escorada de Luis Berenguer, el monólogo de Bloom, las tardes de Combray, Mortal y rosa, Crimen y Castigo, Sthendal... La literatura que me ha construido por dentro me grita que la escriba, de las tumbas salen los brazos de sargazos de palabras que me cogen por los pies... Y, sin embargo, esto que no puede ser no más que una canción de amor, ay, como en los versos vallejianos, me vuelven con todo mi camino a verme solo y me recuerdan que el hombre es triste, tose y, sin embargo, se complace en su pecho colorado...



Gibraltar con el 'Tireless' es como la Giralda con una pintada, "Vane, te amo". La bahía, tan hermosa al bajar hacia Algeciras, con la imponente mole de Gibraltar al fondo, y el chapapote, no puede ser el motivo de decirle a Blanco con lo que Blanco dijo cuando debió de haber callado. Que no, que no. Pero esto no puede ser no más que una canción de amor. Digo que no le vamos a echar la culpa a quien no la tiene(que lo hagan otros) pero hay que hacer algo. Plantarse. Poner orden a lo que un día nos puede dar el disgusto del siglo. Con un Tireless en semidesintegración, un New Flame de basura tóxica, o con un innominado petrolero cargada hasta las trancas y roto en mil pedazos delante de lo que era una novela, la novela, para convertirse en la cómplice criminal, junto con la desidia y la incuria de esta orilla, del desastre.

Por eso esto no puede ser no más que una canción de amor. El amor que tenemos a ese paisaje y a esa ciudad sorprendente en donde nunca hubo una guerra civil, y anglicanos, católicos, moros y judíos comparten las cuatro esquinas de una misma plaza, tan pequeña.





Digo yo que si se puede salvar a todo el sistema financiero mundial de él mismo, poniendo cantidades inimaginables de dinero, ¿no va a ser posible salvar una bahía de la codicia, la depredación y la ruleta rusa de una colonia inglesa, último vestigio de un Imperio, y una colección de primos, que somos nosotros con nuestros gobernantes a la cabeza de la manifa?

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