martes, 15 de marzo de 2016

Pérdidas irreparables


Hay años en los que uno no está para nada y para nadie. Si es agradecido. Me ocurre esto con la la muerte de dos muy grandes de la música, dos más que sumar a la nómina de desaparecidos de 2015. Por eso estoy apenado, muy apenado. Porque me han acompañado con su arte inigualable. La Música, finalmente, es ese lenguaje universal para las emociones y los sentimientos. Y los intérpretes, los directores, forman un cuerpo de generosidad por dar vida cada vez a unas partituras en donde el compositor puso las líneas para que otros las convirtieran en armonías, en sonidos, en compañía, en emoción.

Estoy muy apenado y no admito que me digan que llegaron muy lejos en su tiempo porque hay personas que no deberían morir... ¿Pero qué digo? Pierre Boulez y Nicolai Harnonncourt no morirán nunca.

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