lunes, 21 de diciembre de 2015

La alegría de votar




Estas palabras ya las he escrito otras veces. Cada domingo electoral. Porque siempre se me superpone la imagen de mi primer domingo electoral al del día. Llevé a Enrique de la mano, que no entendía nada, naturalmente, pero yo quería que tuviera esa imagen primera, la imagen de la gente que pacíficamente, voto a voto, hace la vida de España. Enrique hoy llevará a Claudia y a Rodrigo de la mano cuando vaya a votar. Entre ambas imágenes más de 30 años. Y los recuerdos de otros lapsos históricos, muy largos, larguísimos. Sobre todos de los dos últimos siglos. Porque han sido tantas contiendas civiles, tantos desencuentros, tanta odio y tanta sangre…

Hoy nos dicen que España se juega mucho en la votación. Puede que sea verdad. Pero no es una apuesta a vida o muerte, es finalmente que unos sustituyan a otros. En los partidos que ganen o pierdan, por ganar o perder, en el conjunto de la representación. Finalmente somos habas contadas, que se suele decir. Todos los votos cuentan y a todos nos afectará de un modo u otro lo que resulte. Pero siempre será importante el que vayamos todos, o el mayor número posible. Más que nada porque no será nunca lo mismo lo que surja de una urna española llena a rebosar de sobres con el voto dentro que una menguada marea, una red escasa.

Tan cerca la Navidad, sí, puede que nos traiga la imagen de un nacimiento esta elección, el nacimiento de una nación más unida y que está decidida a aprender de sus errores para que nunca más vuelvan. Digo lo centrífugo, digo la corrupción, la violencia política, digo lo que significa el mérito y la capacidad, esos valores republicanos de Francia sobre los que se construyó una Nación de Libertad, Igualdad y Fraternidad.

Los recuerdos que cuentan son los recuerdos que tienes, nadie puede extraer de los recuerdos de otros el impulso que necesitan. Hay que contar con ello. Por eso te digo que llevé a Enrique a esa votación inaugural que expresaba que algo iba a cambiar en España para siempre, o para mucho. Exactamente como hoy, como este domingo de alegría que es cada domingo de elecciones. En los que libremente nos acercaremos a la urna con un sobre con nuestros deseos, sea la elección entre lo malo y lo peor, lo bueno y lo menos bueno, entre estos y aquellos. Y que la vida va a seguir y nuestro deseo es acertar con lo mejor, lo más conveniente, lo menos malo. Y seguir adelante. Porque aquí no termina todo, empieza otro cómputo. Se abre otro paréntesis en definitiva.


Y el próximo jueves las familias reunidas en torno a una cena celebrarán y conmemorarán el Nacimiento de Belén. Será una vez más como un bautizo del que saldremos más buenos, estaremos más unidos y obtendremos un poco de felicidad. Que es exactamente lo que os deseo, lectores amigos. Con mucha salud.

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