martes, 8 de diciembre de 2015

Calle Real / El año que viene



No lo digo porque sea tiempo de recapitulación o de abrir nuevos capítulos, lo digo porque me ha inquietado un amigo que me ha dicho con profunda convicción que el año que viene va a ser malo. De cojones. Puro apocalipsis. Las deudas municipales alcanzarán techos insoportables, no habrá para nada, la acción política se ralentizará hasta pararse. Y el 20 de diciembre no traerá nada bueno. En el sentido de lo que resulte de los pactos. Porque todos hablarán de diálogo pero será un diálogo de sordos o de trágala. Pobre España, en resumen.

Es una opinión, claro está. Pero no es tanto la opinión cuanto la convicción lo que me ha inquietado. Si alguien te dice convencido que algo va a suceder, te paras y lo consideras. Así debió haber sido el lenguaje de los profetas. O de los que hablaban por orden de Dios. Como cuando las siete plagas de Egipto. ¿Habrá siete plagas para España? ¿Qué Dios las mandará? ¿Qué plagas serán finalmente?

Ya estamos en Babel, de algún modo. Porque si me hablan de diálogo pero lo que me dicen no tiene nada que ver con lo que yo digo ni lo que yo quiero tiene que ver con lo que otros quieren, ¿de qué hablamos? Es como esas inmersiones que se han venido haciendo… contra los otros. Puro Babel, que como nos enseñó la Biblia fue un castigo más que una riqueza. El castigo de la incomunicación, el castigo de la incomprensión. Que nos convirtió en extraños unos de otros. ¿Le doy importancia a lo que no la tiene? Verdaderamente vamos del no pasa nada a este apocalipsis de mi amigo, el año que viene va a ser malo. De cojones.

Lo que creo es que hay que pararse un poco, echar una pensada. Porque así no funciona esto. Y habrá que hablar, pero para llegar a un acuerdo. El acuerdo necesario para vivir, para convivir. Y remediar lo mal hecho, lo injustamente concebido.

Con relación al capítulo de deudas y demás disparates y excesos, pues mucho más necesario el acuerdo. Y las normas que lo hagan inviable. Endeudarse, quiero decir. Hasta un límite superior al soportable. Para que no ocurra lo que ocurre en algunas ciudades en las que el principio activo fue, como sin duda recordará el amable lector, "hagamos lo que debemos aunque debamos lo que hagamos". Desmontable fácilmente con el ¿por qué debemos hacer lo que hacemos? Hagamos lo que debemos y podamos pagar (aunque sea en cómodos plazos). Es que una deuda infinita lo primero que luego quiere el populismo es decir que es ilegítima y exigir una quita. Que sea realmente legal, o ilegal. Para que no lleguemos ahí, a esta cosa vaporosa e inconcreta.


¿El año que viene? Desmintamos el apocalipsis, hagamos posible el diálogo fecundo. Y el día 20 cada uno vote libremente. Y a seguir trabajando por La Isla, Andalucía, España y la Humanidad.

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