jueves, 27 de febrero de 2014

Paco es el mejor por to

PACO Cepero es un gran maestro de la guitarra y un hombre que no se calla, un hombre libre que dice lo que piensa sin mirar demasiado el alcance de lo que dice. Digo para lo bueno como para lo malo, hablando en humano. Yo lo admiro verdaderamente. Digo que su música me gusta a más no poder, me admira su dominio del compás flamenco y valoro esa forma suya de ser sincero: o se calla -por prudencia- o le canta las cuarenta al gallo del alba. Yo sé que es uno de los más doloridos por la noticia temprana de la muerte en Cancún de Paco de Lucía. Nunca le han dolido prendas al decir que "Paco era el mejor por todo". Es como si Haydn lo dijera de Mozart, o al revés.

¿De qué estamos hablando? Nos ha mirado un tuerto. Se estaba yendo Juan Silva y se habían ido Mariana Cornejo y Juan Moneo El Torta, y Silverio el chiclanero. Ahora Paco. Es demasiado destrozo de la muerte sobre lo que nos eleva de esta pobre condición mortal que somos. Eran las voces y los ecos, el ritmo y la música de nuestro corazón. Eran Cádiz, eran España. Digo que Cádiz y España estaban hechas con su condición humana, su talento artístico, su alma desbordada y su genialidad. Se ha ido Paco pero no quiero que salga esa blandura que aguarda siempre estos momentos de desconcierto y zozobra, ni que brote una lágrima. La vida que me queda tengo para llorarlo, y sentirlo. Ahora no. Hay quienes lo trataron más que yo; ninguno que lo admirara más. Ni que estuviera dispuesto a dar la cara por él. Con Juanjo Téllez, su biógrafo paisano, y los que firmamos un manifiesto contra la gran patraña. Pero se acabaron las querellas. El dolor de los españoles y del mundo que lo conoció por su música, el mundo entero, salta del bordón a la prima componiendo la armonía de este dolor que sentimos, ese sentimiento de pérdida absoluta.


¿Recordamos que aquí estamos de paso, que somos inquilinos del mundo? Paco era un gigante, un hombre fuerte. Derribado. Su corazón. El lugar en donde quedan inscritos con tinta invisible los dolores, las penas, las cavilaciones, las huellas de las injusticias. Él tuvo una buena porción de ellas. Quizá las más profunda la de aquel lejano julio de 1992. Yo lo vi destrozado por la muerte de José Monje Cruz. Nunca lo olvidó, ni tampoco la afrenta que le causaron algunos insensatos o sencillamente malvados. No merece la pena abundar en ello. Entre aquel instante y el momento en que recibe de manos de Don Felipe el Premio Príncipe de Asturias de las Artes hay un trecho que no impidió que declarara que del cien por cien de ese premio, el 65 era de Camarón de la Isla. Lo dijo de corazón, porque los hombres que hablan poco cuando lo hacen sube el pan.

"Siéntate a mi vera, que te tengo que contar na más que cositas buenas". Diego el Cigala lo cantó en su disco de 2004, Cositas buenas. ¿Una anticipación? Sé que se resucita en espíritu pero quiero pensar que se producirá esa próxima ocasión en el Cielo donde Camarón volverá a cantarle al de Algeciras, al "mejor por todo". Allí se hará el encuentro que tanto soñó Paco de Lucía.

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