domingo, 2 de diciembre de 2012

Me acuerdo de Tomás

Oigo una zarzuela, la que sea, y desde el primer compás lo recuerdo... ¡Qué le gustaban! En el el viejo laboratorio de la calle Colón, que estaba en la azotea, ponía la radio. En esos años poníamos la radio para oír música, el parte, radionovelas... Eran unos años lentos, crepusculares. En La Isla siempre con sol, con raros días de lluvia, pocos días de frío.
¡Qué le gustaban las zarzuelas! He tenido -y tengo- dos hermanos con otros apellidos: Tomás y Pepe. Los llevo siempre conmigo. Tomás se ha ido pero siempre está conmigo, lo quiero cada día, lo pienso cada día. Morirá conmigo. Digo que me enseñó la Fotografía, el Laboratorio, la magia de un papel en blanco del que emergían las imágenes al bañarlo en un líquido formado por, entre otros compuestos, la hidroquinona, que no me digan que no suena a vecina de arriba... La hidroquinona.
Poníamos la radio, el programa de zarzuela, y Tomás cantaba las romanzas, tarareaba las músicas... Era cosa tan sencilla identificar esa música alegre, alada, dulce, necesaria... con la idea de una España acogedora, amable, cálida y feliz... Sí, era cosa muy sencilla. Sobre todo oyendo a Turina o a Chapí, Guerrero, Sorozábal...
Cuando estaba solo, en la hora de la siesta, en Radio Sevilla oía una hora de soul que me parecia tan corta... No sabía que soul significaba alma... Entonces no sabía casi nada, exactamente como casi ahora, que no sé casi nada... Quizá por eso pienso que oír Zarzuelas es pegar el oído a la pared del corazán de una España que se niega a morir, la España de la esperanza de una fraterna comunión de sentimientos, una riqueza de la multiplicidad... Nunca esos canallas que se envuelven en las banderas contrapuestas.
Es como un baile final de tantas zarzuelas... Es como Tomás, mi amigo-hermano mayor, inolvidable, queridísimo...





2 comentarios:

Néstor Carral dijo...

Gracias por compartir tu recuerdo de mi tío Tomás. Gracias por no tener pudor en enseñarnos lo que habita en lo profundo de tu alma. Pues es el alma lo que enseñamos cuando compartimos los recuerdos más hondos y las sensaciones más puras.
PD: Lo que más me gusta del levante es que me trae recuerdos de esos días cálidos y polvorientos de mi niñez. Estoy seguro que en los tuyos se cuela también alguna racha de este aire tan isleño.

Enrique Montiel dijo...

Tu tío Tomás me ha hecho tío tuyo y qué buen sobrino me ha dado, de verdad te lo digo. Hasta los sobrinos maravillosos que tengo por esta hermandad debo agradecerle a Tomás, que no hace falta te lo jure, está conmigo cada día... Era genial, era el más humano de esta ciudad... ajena. Qué suerte tuve, Nesti...