jueves, 3 de noviembre de 2011

Ferrol, El Ferrol

El viejo Ferrol, la ciudad departamental, hermana de la antigua Real Isla de León y de Cartagena, el trío estratégico de la Armada del Rey de España, se deslizaba por el tobogán de una vieja montaña de Galicia sobre la ría de su nombre. En un extremo, el mar, el viejo puerto; en el contrario la tierra húmeda y fértil de Galicia, sembrada de coles sobre altos tallos, manzanos y maizales... En la orilla a resguardo de ingleses y enemigos, el Arsenal, con los barcos atracados que ahora son de acero pintado de gris y tecnologías pero que durante mucho fueron de grandes velámenes, maderas y jarcias con ventanas con cañones... Si nos detenemos en sus calles de nombres inolvidables -María, Magdalena, Dolores, Real-  podemos oír el inexistente silbido de los contramaestres y las voces de órdenes de los oficiales.
Ese Ferrol recoleto, recogido, alargado y declinante, o ascendente, sobre las faldas del monte que corona Canido y Catabois, tuvo sus días de sol en octubre como sus días de gloria en otros siglos. Las restauradas casas modernistas, las calles, las plazas, la vista de la ría... Conmigo vais, mi corazón os lleva (también yo digo tomando las palabras del poeta de los Campos de Castilla).








1 comentario:

etxegoyen dijo...

Precioso texto, Enrique, al igual que las fotos. Es lo que tiene saber escribir, saber mirar...