jueves, 29 de octubre de 2009

El Pinsapar / El Dinosaurio






ALGUNO se ha debido acordar estos días de Augusto Monterroso, el autor del cuento más breve de la Historia de la Literatura Universal durante mucho tiempo: “Cuando despertó, el dinosaurio todavía estaba allí”. Nos pasa a muchos, nos despertamos y el dinosaurio todavía estaba allí. El dinosaurio puede ser cualquier cosa, o persona. Siempre en sentido figurado, claro. Por ejemplo: ¿Es Blanca Flores el dinosaurio de Pérez Peralta? Viendo la que está cayendo más bien veo yo a Esperanza Aguirre como la dinosaurio que siempre estaba allí de Gallardón, aunque, ahora que lo escribo, puede que también de Rajoy pero el presidente del PP cuando se despierta ve un lago de dinosaurios que todavía estaban allí.
Ignoro si Augusto Monterroso dijo esto en medio de una celebración de la amistad y las palabras propia de escritores pero lo que llegó a ser el cuento más breve del mundo (se trataba de eso, precisamente) se empezó a convertir en un mantra de cosa misteriosa que explica muy bien el mundo interior del escritor, que piensa que se echa a dormir y cuando se despierta, el dinosaurio todavía estaba allí.
El dinosaurio, de cualquier modo, es la cuestión, más que estuviera o no estuviera todavía allí. Entre otras cosas porque el autor hondureño (Tegucigalpa, 1921) no se paró a explicarlo, que yo sepa. O sea, no dijo si era un juguete, una pesadilla, un verdadero y enorme antidiluviano o un cachivache inútil que nadie había arrojado al polvo.
Mi inolvidable Alfonso Grosso juraba en arameo que en un cementerio de Estocolmo, un comando “comunista” mandado por ¡García Hortelano! lo atacó, tuviendo que esconderse entre la nieve. El dinosaurio tiene estas cosas, que todavía estaba allí cuando nos despertamos dado que la literatura es la verdad de las mentiras (Vargas Llosa dixit).
El vicealcalde de Madrid va a seguir estando allí gracias a una votación que ha mostrado la división profunda del grupo popular en el ayuntamiento de la capital de España. Con lo cual también va a seguir estando allí el otro dinosaurio que todavía está allí (en la cara se lo he visto al presidente Rodríguez Zapatero opinando sobre Rodrigo Rato y Caja Madrid). Es muy difícil en un descampado no mojarse si llueve. Por el dinosaurio precisamente, que es lo habitual que no se mueva, está echado sobre su abdomen con el cuello levantado y mirando fijamente nuestro sueño con el chorro de fuego siempre preparado en sus fauces temibles.
Invito al lector a redactar la relación de dinosaurios que todavía estaban allí cuando nos despertamos. Verá que no se trata del jueguecito que ahora venden para prevenirnos de la muerte lenta del olvido de uno mismo, no, es la gimnasia necesaria de la lucidez con la que sobrevivir a tanto espanto cotidiano.

(En el Diario han salido dos erratas buenísimas: tuviendo y antidiluvianas. Se quedan, es lo justo)

No hay comentarios: