jueves, 12 de marzo de 2009

EL PINSAPAR / AYER FUE EL CRIMEN



LOS periódicos de hoy traían el estupor de la noticia de ayer, del crimen horroroso de ayer. Mi hijo estaba en Madrid ayer. Como él, muchos hijos, y padres, y madres, y amigos de españoles estaban ayer en Madrid. Estar en Madrid es coger los trenes de cercanías, estar en Atocha esperando a alguien que viene o se va. Como sucedió ayer. El hoy de aquel ayer no supo todavía de los 191 muertos, ni de los cerca de 2000 heridos. Ni las víctimas tenía nombre aun. En el espanto de los hierros retorcidos por un explosivo que no conocíamos estaba la siniestra estampa de una tragedia a la que enseguida algunos pusieron una etiqueta. Como si estuviera escrito en el drama el nombre de su autor: Consecuencias de la Guerra de Irak. El domingo había elecciones generales. Luego dijeron que el Partido Popular las tenía ganadas. Triunfó Rodríguez Zapatero. Y vincularon la magnitud de la catástrofe con la sorpresa del triunfo. Como si el crimen tuviera esa lógica fría, esa perversa inteligencia. Cuatro años después revalidaría. Pese a los cuatro años que fueron. Como se recordará. ¿Cambió Atocha la historia de España? Si un crimen puede cambiar el rumbo de una historia, jamás desaparecerá el crimen de nuestras vidas. La raya que puso el Dios de Moisés sobre la piedra del Sinaí sigue intacta. No matarás. Pero mataron a Prim, y a Kennedy, a Ghandi. A Ceaucescu. Quiero decir que mataron a Julio César y a una relación entera de hombres y mujeres. Como mataron a Víctor Jara y a Federico. No matarás. Dos palabras elevan nuestra naturaleza del espanto a lo angélico, pero no. Ayer ocurrió todo pero el hoy de cinco años después nos sigue devolviendo los interrogantes que nos ahogan con la estampilla de "dirección desconocida". Es lo que ocurre. Porque, ¿se sabe quién organizó, ideó, preparó y mandó ejecutar ese plan criminal contra el confiado y alegre pueblo de España que se subía a los cercanías en Atocha para llegarse de su corazón a sus asuntos? Cuanto más se sabía más marroquíes aparecían en la nómina. Pero no fue Marruecos. Ni fue Al Qaeda. Fueron unos que se reventaron en un piso de Leganés. Como el Lee Harvey Oswald de Kennedy o el desconocido autor de los disparos sobre Prim, o Benazir Bhuto. Siempre el desconocido, secreto, misterioso percutor del crimen. O las pistas falsas. Ha habido un juicio, y unos condenados. Y una sentencia que deja abierta todo el abanico de posibilidades. Pese a la cercanía de ese ayer siempre, aunque hayan pasado cinco años de ayer, cinco años en los que los periódicos pusieron en sus "primeras" el espanto que nos enmudeció a todos. Y cambió el sentido del voto, dicen. La historia de España.

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